La industria minera presenta indicadores de salud mental más favorables que el promedio nacional, aunque enfrenta desafíos específicos vinculados a las particularidades de la actividad, según reveló el informe «Salud mental en la industria minera nacional», elaborado por la Dirección de Estudios y Políticas Públicas de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco).
El estudio sistematiza información de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO) para el período 2019-2025, los resultados del Cuestionario de Evaluación del Ambiente Laboral en Salud Mental (CEAL-SM/SUSESO) de 2024, el marco normativo chileno y la experiencia internacional de países mineros como Australia y Canadá.
A nivel país, las enfermedades profesionales asociadas a salud mental han crecido de forma sostenida: en 2025 representaron el 76,6% del total de enfermedades profesionales registradas, muy por sobre el 57,3% de 2019. La tasa de enfermedades profesionales alcanzó 0,16% de los trabajadores protegidos por mutualidades, de la cual 0,13% correspondió específicamente a salud mental.
En el caso específico del sector minero, los casos de enfermedades profesionales de salud mental aumentaron de 5 a 24 entre 2019 y 2025, aunque estos valores absolutos siguen siendo bajos frente a otras actividades económicas. La tasa de enfermedades profesionales en minería fue de 0,11% en 2025, mientras que la asociada a salud mental llegó a 0,03%, ubicando al sector por debajo del promedio nacional en ambos indicadores y en el tercer lugar con menor tasa de enfermedad de salud mental, solo detrás de agricultura/ganadería y construcción.
El cuestionario CEAL-SM/SUSESO —aplicado en 2024 a 29.747 trabajadores mineros, equivalente al 28% del universo del sector— confirmó esta tendencia: la minería registró un 8% de centros de trabajo en estado de riesgo no óptimo, frente al 20,9% del promedio de todas las actividades económicas.
Pese al buen desempeño relativo, el informe identifica dimensiones donde la minería presenta porcentajes más elevados de riesgo dentro de su propia realidad sectorial: carga de trabajo, conflicto de rol, compañerismo y vulnerabilidad. Estas materias cobran especial relevancia considerando las características propias de la actividad minera, como los sistemas de turnos prolongados, el aislamiento geográfico de las faenas, el trabajo en altura y la exposición a condiciones ambientales extremas.
Un dato que el informe destaca especialmente es la distribución por género: mientras a nivel nacional los hombres concentran el 75% de los diagnósticos de salud mental, en minería los casos se distribuyeron de manera equitativa entre hombres y mujeres en 2025, pese a que las mujeres representan solo el 24% de la fuerza laboral de la gran minería, lo que evidencia una sobre representación femenina en estos diagnósticos.
El documento revisa las experiencias de Australia y Canadá, países con industrias mineras de alta relevancia que han desarrollado marcos normativos y programas específicos en la materia, como el Programa MARS y la iniciativa MATES in Mining en Australia, o el protocolo «Hacia una Minería Sostenible» en Canadá. Asimismo, cita al Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM), organismo que advierte que, si bien la industria minera mundial ha avanzado significativamente en seguridad física, el desarrollo en materia de bienestar psicológico y salud mental sigue siendo insuficiente.
El informe se enmarca en los compromisos de la Política Nacional Minera 2050, que estableció como meta implementar indicadores de salud ocupacional orientados también al bienestar mental de los trabajadores. Entre las recomendaciones, Cochilco plantea ampliar la cobertura del cuestionario CEAL-SM/SUSESO —que en 2024 solo alcanzó al 28% de la fuerza laboral minera— y evalúa la creación de un instrumento sectorial específico para la industria, que considere sus condiciones particulares de aislamiento, turnos y creciente participación femenina.


