Chile enfrenta brecha crítica en calidad y suministro de cal para la industria minera

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El sector minero chileno, clave para la economía nacional y global por su liderazgo en cobre y litio, enfrenta un desafío estratégico: la baja calidad de la cal nacional y su creciente dependencia de importaciones. La cal, compuesta principalmente por óxido de calcio (CaO), es un insumo indispensable en procesos de flotación y purificación de minerales, especialmente en la industria del cobre y en la separación de impurezas en las salmueras de litio.

Según proyecciones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), para el año 2026 la demanda de cal viva alcanzará 1,5 millones de toneladas, superando la capacidad de producción local. Se estima que, hacia 2032, las importaciones cubrirán más del 56% del consumo nacional, con un millón de toneladas provenientes mayoritariamente desde Argentina, frente a 780 mil toneladas producidas internamente.

Factores geológicos y económicos explican esta situación. De acuerdo con Patricio Faúndez, líder en economía de GEM, los depósitos de caliza en Chile son menos puros debido a su antigüedad, lo que encarece el proceso de producción. A ello se suman los altos costos de energía y combustibles, que reducen la competitividad de los productores locales frente a actores internacionales como Calera San Juan y Calidra, con operaciones en ambos lados de la cordillera.

La calidad de la cal tiene un impacto técnico relevante. Guillermo Coloma, director de Coloma Consultores, advierte que la baja pureza del producto nacional obliga a procesar mayor volumen de roca, incrementando los costos y reduciendo la eficiencia en procesos sensibles como la recuperación de litio. Además, impurezas pueden provocar problemas operacionales como sedimentación en equipos, acortando su vida útil y elevando las emisiones de CO₂ por tonelada procesada.

Actualmente, Chile consume entre 1 millón y 1,1 millones de toneladas anuales de cal, de las cuales alrededor de 900 mil toneladas son provistas por productores nacionales. Sin embargo, la creciente dependencia externa pone en riesgo la estabilidad del suministro de un insumo clave en la transición energética global. Frente a este escenario, especialistas advierten que, sin medidas para mejorar la calidad y aumentar la producción local, el país podría comprometer su autonomía industrial y competitividad minera a mediano plazo.