CUT endureció el tono y exigió salario mínimo de 630 mil pesos tras marcha del Día del Trabajador

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La Central Unitaria de Trabajadores aprovechó la conmemoración del Día del Trabajador para oficializar su petitorio económico, fijando en 630 mil pesos la meta para el sueldo básico antes de que concluya el actual Gobierno. La directiva de la multisindical argumentó que los incrementos previos fueron absorbidos por el costo de la vida, por lo que consideraron indispensable establecer una hoja de ruta más agresiva que garantice un piso de dignidad para las familias chilenas.

Durante la manifestación, los dirigentes sindicales realizaron un profundo análisis del escenario político actual y la representación de la clase obrera en las urnas. David Acuña, presidente de la organización, advirtió sobre el fenómeno electoral que ha llevado a gran parte del mundo trabajador a respaldar opciones de la derecha más conservadora. El dirigente señaló que este desplazamiento del voto hacia figuras como José Antonio Kast representó un llamado de atención crítico para las organizaciones sociales tradicionales.

Desde la central señalaron que el apoyo de los sectores populares a programas de oposición se debió, en parte, a una respuesta frente a la crisis de seguridad y la incertidumbre económica. Ante esto, la CUT instó a las fuerzas progresistas y al propio Gobierno a reconectar con las urgencias del día a día, evitando que el descontento social siga nutriendo proyectos políticos que, a juicio de la directiva, no representan los intereses reales de los asalariados.

La propuesta de aumento salarial fue acompañada por una serie de demandas relacionadas con la seguridad en los entornos laborales y la implementación efectiva de la reducción de la jornada laboral. La multisindical enfatizó que no aceptarán retrocesos en las reformas ya aprobadas y que se mantendrán en estado de alerta ante cualquier intento de flexibilización que perjudique la estabilidad de quienes hoy sostienen la economía nacional.

Finalmente, el acto concluyó con un emplazamiento directo al Ejecutivo para retomar las mesas de negociación con una base de discusión que parta desde las necesidades reales de consumo. La advertencia sobre la pérdida de sintonía con el «voto trabajador» quedó como la principal reflexión de la jornada, marcando el inicio de un periodo de mayor presión sindical en medio de un año que se anticipa complejo en términos de debate parlamentario y definiciones electorales.