El nuevo oro rojo: cobre será clave para la inteligencia artificial y la seguridad energética mundial

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Un reciente informe de S&P Global anticipa una transformación estructural en el mercado del cobre: la demanda global del metal aumentará un 50% al año 2040, pasando de 28 a 42 millones de toneladas anuales. La razón ya no es solo la transición energética: ahora la inteligencia artificial (IA), el auge de los data centers y la modernización de la infraestructura global emergen como nuevos motores de consumo intensivo.

El informe, titulado Copper in the Age of AI y publicado en enero de 2026, instala una alerta estratégica: si no hay cambios profundos en inversión, exploración y desarrollo de nuevos proyectos, la oferta mundial no será capaz de sostener este ritmo.

La IA ya no es solo un desafío tecnológico, sino también un factor de presión sobre los recursos naturales. El estudio proyecta que los data centers —equipos neurálgicos del mundo digital— duplicarán su consumo de cobre en apenas 15 años, alcanzando 2,5 millones de toneladas anuales en 2040. Estos centros requieren enormes volúmenes de electricidad y cableado de cobre para sus sistemas de enfriamiento, respaldo y transmisión de datos.

Solo las instalaciones dedicadas al entrenamiento de modelos de IA concentrarán el 58% de esta demanda hacia 2030, y en países como Estados Unidos podrían representar hasta el 14% del consumo eléctrico nacional antes de que termine la década.

Además de la IA, otros tres factores están redefiniendo el mapa del cobre:

Transición energética: los vehículos eléctricos usan hasta tres veces más cobre que los convencionales, y las redes eléctricas que soportan energías renovables y almacenamiento requieren una expansión sin precedentes.

Gasto militar: los nuevos sistemas de defensa, basados en electrónica avanzada y armas inteligentes, elevan la intensidad de uso del metal rojo.

Economía tradicional y robótica: se espera que hacia la segunda mitad de la década de 2030 la robótica humanoide también se sume como nueva fuente de demanda intensiva.

En conjunto, estas fuerzas proyectan una inversión superior a US$7,5 billones en redes eléctricas al 2040, lo que convierte al cobre en un recurso geopolítico.

El documento de S&P Global es claro: el suministro de cobre dejó de ser solo un desafío minero. Ahora es un problema de seguridad energética, estrategia tecnológica y política industrial. La industria deberá avanzar en tecnologías como lixiviación avanzada, automatización, recuperación desde relaves e inteligencia artificial aplicada a la operación minera, pero también requerirá certidumbre regulatoria, licencias más ágiles y financiamiento intensivo.

Sin una acción coordinada y decidida, el cuello de botella en el suministro de cobre podría convertirse en el nuevo límite al desarrollo digital y energético del planeta.